DETRÁS DEL LENTE

EL ZONTE, EL SALVADOR POR ERICK CHÉVEZ

Cuéntanos un poco sobre tu relación con El Salvador. ¿Qué te llevó aquí y qué significa este lugar para ti?

Soy salvadoreño. Crecí aquí en una época más compleja y durante muchos años sentí que mi país era algo de lo que uno tenía que escapar para salir adelante. Con el tiempo, la fotografía me ayudó a reconciliarme con mi origen.

Fotografiar lo común y lo mundano, especialmente entre viajes, me ha obligado a ver más profundamente a mi propio país. Cada vez que regreso lo miro con ojos renovados. Eso me ha hecho amarlo más. Documentar se volvió una forma de entenderlo y de entenderme.

En El Salvador estamos viviendo un período de muchos cambios, especialmente respecto a la seguridad. Antes no era muy cómodo salir a la calle con una cámara. En cambio con la seguridad y la paz con la que se vive ahora, nos ha abierto las puertas a muchos fotógrafos a documentar más y mostrar al mundo lo lindo que tenemos que ofrecer.

Desde tu mirada y tus imágenes, ¿qué te atrae y capturas de una ciudad?

Me atrae lo que está a punto de desaparecer, lo que está cambiando constantemente.

Me gusta combinar lo hermoso de los lugares que visito o me rodean, pero no desde un ángulo turístico aislado, sino fusionado con elementos que transmitan un sentimiento local. Algo que se sienta vivido. Me interesa la tensión entre lo nuevo y lo que resiste.

Un comentario frecuente que recibo es que mis fotos realmente transmiten la sensación de estar ahí. Para quienes ya estuvieron, despiertan nostalgia. Para quienes no, los transportan. Creo que eso pasa porque no busco solo composición. Busco atmósfera.

¿Cuál ha sido el mejor descubrimiento en este viaje?

Que los lugares cambian y las personas se van.

He entendido la importancia de preservar el hoy. No por miedo, sino por conciencia. Lo que parece permanente muchas veces no lo es.

También descubrí que la transformación no siempre es negativa. La fotografía para mí es una forma de crear continuidad. Es una manera de decir que algo o alguien estuvo aquí.

El Zonte es un sitio que va cambiando a una velocidad muy rápida. Cada vez que lo visito, hay algo nuevo o hay algo que ya no está. Muchos locales permanecen pero los turistas van cambiando, entonces encuentro personajes nuevos constantemente y algunos de ellos van dejando su huella en esta playa.

Si tuvieras que escoger tu cosa favorita de El Salvador, ¿cuál sería?

La calidez de nuestra gente. La sonrisa incluso sobre la adversidad.

Lo he vivido más desde que perdí el miedo de fotografiar en la calle o de pedir permiso a desconocidos para capturar su retrato. Me sorprende la facilidad con la que la gente interactúa y sonríe. Hay una dignidad muy fuerte en lo cotidiano.

¿Qué es lo más especial y único de El Zonte que no has visto en ningún otro lugar?

El Zonte es un lugar de contrastes, como muchos en el país, pero aquí el contraste es un gradiente y no un corte brusco. Lo turístico y lo local no chocan, se mezclan. A veces el extranjero actúa más local que el propio salvadoreño que llega desde la ciudad.

En El Zonte he visto cómo el visitante puede ayudar al local a valorar lo que tiene. A ver belleza en lo humilde. Y al mismo tiempo, he visto cómo el desarrollo puede cambiar la identidad si no se maneja con cuidado.

Es un lugar en transición constante. Y esa transición me interesa documentarla porque tendrá mucho valor emocional en el futuro.

¿Alguna palabra o expresión típica salvadoreña que te encante?

“Al suave.” Es una filosofía. Me recuerda disfrutar la tranquilidad, bajar el ritmo, no vivir acelerado por expectativas externas. Me recuerda que la profundidad necesita tiempo. Y es justo lo que me transmite El Zonte. Me ayuda a transportarme a ese estado mental.

¿Dónde comer en El Zonte?

Pupusería Jeisi para algo auténtico y sin filtro.

Roka para una experiencia más refinada con producto local trabajado con técnica.

Canegüe logra un balance interesante. Parte de sabores locales pero se permite experimentar. Es un buen reflejo de lo que está pasando en El Zonte: tradición conversando con lo global.

Cuando viajas a El Zonte, no te puedes perder…

Caminar desde un extremo al otro de la playa, atravesando el río. De un lado hay más surf, deporte y personas jugando con sus perros. Del otro hay más romance, más familias y una playa más amplia. Este recorrido te muestra las dos caras de la playa en menos de una hora, y logras ser testigo de la mezcla entre lo local y el extranjero.

¿A qué sabe El Zonte?

Depende de los gustos pero para mi: a ceviche fresco, a una cerveza Regia Chola bien fría y a coco recién abierto. A una minuta en el calor de la tarde. Sabe a algo simple pero honesto.

¿Qué no puede faltar antes de visitar El Zonte?

Tiempo. No vale una sola noche. Para disfrutarlo hay que agarrarla al suave, vivir al paso lento que viven ahí.

Yo suelo iniciar mis años en El Zonte. Es casi un ritual personal. Me ayuda a pensar, a leer, a escribir y a dejar el teléfono de lado. Es uno de los pocos lugares donde siento que realmente puedo escuchar mis propios pensamientos sin el ruido constante de las redes.

¿Qué significa para ti la belleza?

Un balance entre lo auténtico, la permanencia a través del cambio y la sonrisa ante la adversidad.

La belleza no es perfección. Es honestidad. Es encontrar valor en lo cotidiano antes de que alguien lo convierta en tendencia.

La belleza inspira a seguir. Te recuerda por qué vale la pena luchar y cuidar lo que tienes antes de que cambie.