CAFECITO CON
ANA ELENA GARUZ: “YO QUIERO RALENTIZAR ESE FLUJO RÁPIDO DE CONSUMO VISUAL Y CONVERTIRLO EN OBSERVACIÓN.”
Nombre: Ana Elena Garuz
Profesión: Artista
Nacionalidad: Panameña
Instagram: @anaelenagaruz
Como parte de una mañana organizada por Latinness y FARM Rio para celebrar la apertura de la nueva tienda de la marca en Panamá, visitamos Otra forma de mirar, la más reciente exposición de Ana Elena Garuz en Casa Santa Ana, presentada en colaboración con Diablo Rosso.
Entre las piezas que conforman la muestra, nos sentamos a conversar con la artista sobre los procesos, referencias e inquietudes que dan forma a su trabajo. El encuentro ofreció una oportunidad para profundizar en los temas que atraviesan la exposición y en la invitación que esta extiende: detenerse, observar con atención y ensayar nuevas formas de mirar.
Una forma de mirar se siente profundamente personal y, al mismo tiempo, invita a las personas a ver las cosas cotidianas desde una perspectiva distinta. ¿Qué emociones o recuerdos te guiaron mientras creabas esta exposición?
Los collages textiles los empiezo a hacer en parte porque buscaba un medio que me permitiera trabajar a una escala mucho más grande de lo que me permite el papel para hacer algo que se encuentre entre la pintura y el dibujo.
Estos collages textiles me llevan a mi niñez, cuando ayudaba a mi madre a cortar los patrones de costura que desplegaba en el piso. Me recuerdan a esa relación entre lo doméstico, lo manual y formas de trabajo asociadas históricamente a lo femenino. Coser y usar textiles ahora mismo es mi respuesta o necesidad de volver a un material que manipulo con mis manos.
Los dibujos los veo como un ejercicio de observación, casi una meditación que me permite construir nuevas relaciones y significados, una especie de colección tipológica de hoy.
Fotografía: Alfredo Martiz / Cortesía Casa Santa Ana.
¿Recuerdas tu primer acercamiento al arte? ¿Hay algún recuerdo que sientas que marcó esa conexión inicial?
Tomé clases de pintura desde los 8 o 9 años. Recuerdo claramente una reproducción pequeñita de El Columpio de Fragonard y un poster de Gauguin en casa de mis padres. Ambas piezas me intrigaban, las encontraba misteriosas. Siempre hubo arte en casa de mis padres. Con el tiempo pasaron de reproducciones, a obra gráfica y por último a comprar ciertas pinturas de artistas en su mayoría panameños. Algunas de estas obras me recuerdan a momentos de mi vida, de la misma forma que nos pasa con ciertas canciones. Hoy, tengo algunas de estas obras en mi casa y tenerlas cerca me da esa seguridad que te lleva a un lugar familiar y sentimiento de hogar porque me han acompañado siempre.
Tu trabajo transforma elementos familiares, telas, revistas, paisajes en algo nuevo. ¿Qué tienen estas experiencias visuales cotidianas que continúan inspirándote y emocionándote?
Desde mis inicios me han interesado ciertos materiales que me permiten hacer relaciones. Por ejemplo: usé el pelo para evocar un cuerpo ausente y la melancolía. Creo que lo más importante para mi es tener esa curiosidad para seguir observando mi entorno y seguir desarrollando estas relaciones que me conectan al diseño, la moda, el consumismo, ser mujer, la historia del arte, todas las cosas que me interesan.
Cada día que pasa me concentro aún más en ejecutar y desarrollar mis ideas con lo cual el futuro me emociona.
Fotografía: Alfredo Martiz / Cortesía Casa Santa Ana.
Como alguien que pasó gran parte de su carrera en la industria de las revistas, me encantaría saber más sobre cómo ese mundo te ha moldeado creativamente. ¿Qué aprendizajes o sensibilidades de esa etapa siguen presentes en tu práctica artística?
Crecí con revistas, me regalaron mi primera suscripción a una revista a los 9 o 10 años. Las revistas eran los medios para estar al día con la cultura, moda, diseño en la era pre-internet en la que crecí. Mi Pinterest eran folders en los que guardaba recortes clasificados por interés. Alguien dijo que “las revistas son una arqueología del deseo colectivo”, hablan de lo que una sociedad anhela, admira, discute, consume o imagina en un momento específico. Como una excavación arqueológica permiten leer capas de valores culturales de hoy.
Las revistas son una condensación de aquello que una época desea proyectar y alcanzar. Al observar y buscar imágenes en estas revistas me siento casi como una arqueóloga que busca y extrae estos fragmentos de distintos contextos que luego me revelan conexiones ocultas que voy descubriendo a medida que voy desarrollando la obra. Mi trabajo podría leerse de muchas formas pero una que me interesa es ver los dibujos como una especie de nuevo abecedario o mapa de esa percepción dispersa que a su vez intento de desacelerar.
Fotografía: Alfredo Martiz / Cortesía Casa Santa Ana.
¿Cómo te hace sentir el cambio de la experiencia táctil y curada de la impresión hacia la cultura visual digital actual, tan rápida y fugaz? ¿De qué manera influye eso en tu arte?
Las imágenes de las revistas son para seducir y de alguna manera intento también hacerlo con estos fragmentos. Yo quiero ralentizar ese flujo rápido de consumo visual y convertirlo en observación. Pero debo aceptar que me muevo entre los dos mundos: el de la imagen impresa y el de la digital. A momentos necesito tocar un papel, volver a lo táctil y en otros momentos la pantalla me absorbe más de lo que debería.
Fotografía: Alfredo Martiz / Cortesía Casa Santa Ana.
Tu exposición parece invitar a las personas a desacelerar y realmente prestar atención. ¿Qué esperas que la gente sienta —o quizá redescubra— cuando pasa tiempo con tu obra?
Hay un ejercicio que hace el periódico NY Times, es el 10 Minute Challenge con una obra de arte. Invita a los lectores a practicar una atención profunda, sostenida y alejarse de las distracciones digitales viendo una obra de arte por 10 minutos. Me gusta la idea de que intentemos desacelerarnos y nos obligue a mirar y descubrir mirando. Eso es lo que me gustaría que pase con los espectadores viendo mi trabajo.
¿Cómo influyen el entorno y la vida aquí en Panamá en tu trabajo?
Uno es lo que lee, lo que ve, lo que te rodea. Vivir y crear desde aquí influye muchísimo a mi trabajo: el color azul del cielo en verano, el color del mar. La ciudad de Panamá es compleja, caótica, desordenada, crece sin planificación urbana. En algunos puntos de la ciudad puedes ver la jungla tropical contrastando con el mar y los edificios. Puede que haga sol en la mañana y llueva en la tarde o días en los que puede llover con sol. El color del agua en la bahía cambia según la marea y en el Casco Viejo puedes ver a una persona vendiendo raspado al lado de un restaurante de alta cocina. Amo mi ciudad y la observo con curiosidad y detenimiento.
Fotografía: Alfredo Martiz / Cortesía Casa Santa Ana.
¿De qué manera crear desde Latinoamérica, y desde tu experiencia como mujer, moldea la mirada y las preguntas que atraviesan tu obra?
Vivir y crear en Latinoamérica ha moldeado profundamente mi manera de ver. Habitar desde aquí implica una relación particular con lo precario: esa condición permea la forma en que selecciono, organizo y combino materiales e imágenes que utilizo. En mi trabajo esto no es siempre literal, sino que opera desde una sensibilidad y desde los modos en que me relaciono con mi entorno.
Mi trabajo le da importancia a lo que podría parecer un detalle, quizás como respuesta a la necesidad de encontrar un orden dentro del caos. He pensando que, de alguna manera, intento hablar de este lugar a través de imágenes y objetos que circulan en torno al deseo global.
Me interesa cómo el contexto desde el que miro afecta la manera en la que organizo y construyo mi mundo visual, mi imaginario.



